¿Qué es el Obamagate, la nueva teoría de la conspiración de Donald Trump?

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Desde hace días el presidente de EU promueve este nuevo término en sus conferencias y redes sociales, pero ni él parece saber cuál es el «crimen político más grande de la historia», del que acusa a Barack Obama.

Por LPO Daily

Como es tradición para un expresidente, durante los últimos tres años Barack Obama ha mantenido una sana distancia de la administración Trump. El demócrata ha hecho contadas declaraciones sobre el desempeño de su sucesor, a pesar de que éste lo ha usado como uno de sus punching bags predilectos. 

El pasado 9 de mayo, sin embargo, se filtró una conversación con miembros de su staff en la que Obama calificó el manejo de la crisis de la Covid-19 como un «absoluto desastre». De paso, el expresidente vivo más popular de EU condenó la decisión del Departamento de Justicia de dejar ir al general Michael Flynn, un criminal confeso con cuestionables vínculos con Rusia. Para Trump, cuya popularidad sigue cayendo ante la crisis sanitaria y económica, fue la gota que derramó el vaso.

¡OBAMAGATE!, tuiteó el mandatario el 10 de mayo pasado, sin proporcionar mayores detalles. Días más tarde, un reportero del Washington Post le preguntó exactamente cuál era «el crimen político más grande en la historia de EU», del que acusaba a Obama.

Trump respondió: «Obamagate, lleva mucho tiempo ocurriendo. Empezó incluso antes de que yo fuera electo. Y es una desgracia que haya ocurrido. Y si miras lo que ha pasado, y si miras ahora toda esta información que está saliendo… y por lo que entiendo es sólo el inicio. Cosas terribles ocurrieron y no debe permitirse que ocurran de nuevo en nuestro país. Y ya verás lo que vendrá las próximas semanas, y ojalá escribas honestamente sobre ello, pero desafortunadamente escoges no hacerlo».

¿Exactamente cuál es el crimen?, insistió el reportero. «El crimen es muy obvio para todos. Sólo tienes que leer los diarios, excepto el tuyo», replicó Trump.

Si yo fuera un senador o congresista, la primera persona que llamaría a testificar sobre el crimen político y escándalo más grande de la historia de los EU, por MUCHO, sería al expresidente Barack Obama. Él lo sabía TODO. Hazlo Lindsey Graham, sólo hazlo. Basta del chico bueno. ¡Basta de palabrerías! [El senador Graham descartó la propuesta del presidente.]

El crimen, según han explicado medios afines al presidente y sus simpatizantes en redes sociales, consiste en una basta conspiración al interior de la entonces saliente administración Obama para sabotear la presidencia de Donald Trump. Hace unos días el presidente adelantó que pronto habría acción por parte del Departamento de Justicia, pero el Fiscal General William Barr desmintió a su jefe ayer explicando que no existía ninguna investigación sobre el asunto.

El Obamagate es un pulpo con muchos tentáculos y, como suele pasar con estas conspiraciones, cada fanático es libre de imaginar lo que quiera. Uno de los tentáculos, por ejemplo, es el caso del general Flynn.

Michael Flynn fue director de la agencia de inteligencia de las fuerzas armadas bajo la administración de Barack Obama, sin embargo, sus nexos con Rusia y lo que ha sido descrito como una visión muy radical hacia el contraterrorismo provocaron que no fuera ratificado en el cargo tras dos años de trabajo. Luego de su salida de las fuerzas armadas, Flynn creó una consultoría privada en temas de inteligencia. Trabajó para varias empresas y gobierno, entre ellas algunas firmas rusas y para el gobierno turco de Recep Tayyip Erdoan.

Cuando Trump ganó la presidencia, el mismo Barack Obama le advirtió sobre los nexos de Flynn y una de las razones por las que fue sacado de su gabinete: los servicios de inteligencia temían que la cercana relación del general con el gobierno de Putin pudiera ponerlo bajo el riesgo de ser manipulado por los rusos. Obama directamente le recomendó que no lo contratara. A pesar de esto, Trump lo nombró asesor de Seguridad Nacional, uno de los cargos más importantes en el gabinete.

En diciembre de 2016, un mes antes de que Trump tomara posesión, los servicios de inteligencia descubrieron que Flynn había estado hablando por teléfono con el embajador ruso Sergey Kislyak y que incluso le había asegurado que Trump retiraría todas las sanciones impuestas por Obama contra Rusia, aunque ya desde la campaña se había reunido con el diplomático por lo menos en otra ocasión. Negociar sanciones es considerado un delito ya que interfiere con la política exterior del gobierno en turno, en este caso el de Obama, y el escándalo terminaría por ponerlo tras las rejas.

En febrero de 2017, ya con Trump en la Casa Blanca, el Washington Post reportó la negociación que condujo Flynn con los rusos dos meses antes. El New York Times confirmó la versión y agregó que habían tenido acceso a la transcripción de la conversación entre Flynn y Kislyak. Flynn siguió negando los hechos.

Con el conocimiento de que estaba mintiendo, en enero el entonces director del FBI James Comey envió investigadores a interrogar a Flynn sobre sus conversaciones con el embajador ruso y estos buscaron cacharlo en la mentira. Cuando Flynn de nuevo negó haber negociado con los rusos durante el periodo de transición, cometió el delito de mentir a agentes federales.

De acuerdo con la versión oficial de los hechos, por esas fechas Flynn le aseguró al vicepresidente Mike Pence que no había hablado con Kislyak de las sanciones, es decir, también le había mentido, y el vicepresidente salió a defender la versión de Flynn ante los medios.

Mentirle a Pence fue la razón oficial que dio Trump para finalmente pedirle la renuncia a Flynn el 13 de febrero.

Al día siguiente Trump invitó a cenar a Comey -a quien poco después despediría por su rol en la investigación de los nexos entre su campaña y Rusia- y directamente le pidió que dejara pasar «ese asunto». «Es un buen tipo» Flynn, dijo el presidente.

El «desenmascaramiento» y la conspiración del Obamagate

Trump y sus aliados apuntan al desenmascaramiento de Flynn como parte fundamental de la conspiración del Obamagate. Desenmascaramiento es el término que utilizan en la comunidad de inteligencia para indicar que un nombre fue revelado. Cuando los servicios de inteligencia están monitoreando las comunicaciones de un potencial agente extranjero o terrorista -en este caso el embajador ruso Sergey Kislyak-a menudo escuchan conversación del individuo con ciudadanos estadounidenses. Por supuesto, no todas estas conversaciones son de interés para la seguridad nacional. Alguien como el embajador seguramente tiene amigos, contactos diplomáticos, o simples conocidos que no necesariamente están relacionados con su trabajo para Rusia. Por ello, la identidad de dichas personas se mantiene en secreto para los funcionarios de inteligencia que escuchan dichas conversaciones o leen las transcripciones. El nombre aparece simplemente como «persona estadounidense». En caso de que conocer la identidad de la persona sea necesario para que dicho funcionario realice su trabajo, puede solicitar el «desenmascaramiento». Esto es un proceso que existe desde hace décadas. Como ejemplo, sólo en 2019 se registraron 7,700 solicitudes de desenmascaramiento por parte de funcionarios de la administración Trump.

Cuando en diciembre de 2016 -un mes antes de la toma de posesión de Trump- empezó a circular en la Casa Blanca de Obama la conversación de Kislyak con una «persona estadounidense» hablando sobre retirar las sanciones recién impuestas por el entonces presidente, numerosos funcionarios del sistema de seguridad nacional solicitaron conocer el nombre de la persona que había estado negociando a nombre del gobierno estadounidense sin estar todavía en funciones. La solicitud fue aprobada y así fue como varios funcionarios se enteraron de que se trataba de Michael Flynn.

Este proceso absolutamente legal es el que Trump y los republicanos señalan como parte de la gran conspiración para sabotear a su gobierno. El problema es que fue Flynn quien negocio sin permiso con los rusos, fue Flynn quien le mintió a Pence, fue Flynn quien confesó ante la corte haber cometido perjurio y reconoció sus otros delitos, y fue Trump quien, por decisión propia, echó a Flynn de su gabinete. A pesar de esto, la semana pasada el Departamento de Justicia informó que no buscaría una condena contra Flynn. El vicepresidente Pence incluso sugirió que no estaría en contra de que el general regresara a trabajar a la Casa Blanca.

Mientras tanto, a menos de seis meses de la elección presidencial, EU ya rebasó los 90 mil muertos a causa de la Covid-19; se han perdido más de 30 millones de empleos; y el presidente se está desplomando en las encuestas en sectores clave como los adultos mayores de 65 años. Esto es el Obamagate.

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